lunes, 6 de mayo de 2013

Palco de Prensa


  Los debates políticos.
 
Por : Gilberto LAVENANT
 
Hasta hace algunos años, uno de los requisitos básicos, para incursionar en la política, con cierto éxito, era tener aptitudes o facilidades discursivas. Por ello, muchos personajes de la política, en sus inicios, fueron campeones de concursos de oratoria.
 
Los llamaban “jilgueros”, a esos jovenzuelos que manejaban con mucha habilidad el arte de la expresión. Ellos tenían el reto y el privilegio de abrir los actos de campaña del candidato en turno. Platiquen con algún viejo político y de inmediato les presumirá sus cualidades de orador.
 
Y es que la capacidad para expresarse, en forma oral o escrita, es esencial en todo individuo que desee participar y trascender en el terreno político, considerando que en principio la política es verbo, mensaje, ideología. El pragmatismo, ocupa un segundo término.
 
Para convencer o seducir a los electores, de que se es mejor opción para gobernar, que los rivales, la palabra es el método ideal. La expresión directa, sin rodeos, o sea sin rollos, sencilla, pero contundente, que refleje el conocimiento del individuo y por lo tanto experiencia, la hace una herramienta convincente.
 
De muy poco sirve la sabiduría, si quien la posee, no tiene la capacidad para darla a conocer, o sea para expresarse. Es un problema que enfrentan muchos profesionistas en el ejercicio de sus respectivas profesiones. Algunos, basta que hagan un buen trabajo, práctico. Un abogado, por ejemplo, que gane casos, aunque no sea muy bueno para escribir o para hablar, generalmente es un undividuo exitoso.
 
Sin embargo, hay actividades, como lo es la política, que sí exige capacidad discursiva. La palabra seduce, pero la acción, convence, o decepciona. Si la palabra es débil, se dá por hecho que el político corto de habla, será un fracaso rotundo como gobernante. Aunque seguramente hay quienes opinan lo contrario, y entonces prefieren a un político que en lugar de “rollos”, trabaje bien.
 
Apenas a 10 días de iniciadas las contiendas hacia los comicios del 7 de julio, en las que lo más relevante son la renovación de quien ostenta la gubernatura estatal, se han generado enormes expectativas por ver la capacidad discursiva de los tres candidatos. Fernando Castro Trenti, candidato de la Alianza Compromiso por Baja California, Francisco Vega de la Madrid, candidato por la Alianza Unidos por Baja California y Felipe Ruanova Zárate, del Partido Movimiento Ciudadano, el único que no participa en alianza alguna.
 
De alguna manera, los tres aspirantes a la gubernatura, son conocidos. Sin embargo, el interés de muchos se centra en el panista, Francisco Vega de la Madrid, luego de que en el primer debate durante el proceso interno del PAN, mostró serias fallas de expresión. El video, que luego circuló, conocido como “Las kikadas”, tuvo tal difusión, que seguramente los dirigentes del blanquiazul pensaron varias veces la posibilidad de retirarlo de la contienda.
 
Pero en fin, la “onda grupera” demostró su control en las filas panistas, y logró derrotar feamente a su contrincante, el también exalcalde Héctor Osuna Jaime. El resultado en las urnas, el domingo 10 de marzo, del año en curso, fue apabullante. Vega de la Madrid obtuvo 7,048 votos, o sea el 73.3% de la votación total, y Osuna Jaime apenas si alcanzó 2,567 votos, o sea el 26.7%. Pero, bueno, ese es otro tema.
 
La cuestión es que las deficiencias o limitantes discursivas de Kiko Vega, saltaron a la vista. Buscaron excusas para tratar de justificarlas. La presión por la contienda interna, por ejemplo. Posiblemente con “clases extras”, previas a la campaña formal, saldría mejor preparado. Bueno, incluso se desapareció durante varios días, para acudir a Guadalajara, Jalisco, a someterse a una terapia intensiva.
 
Al final, el diagnóstico, no fue muy alentador. Kiko, el carismático candidato blanquiazul, presentaba serios razgos de dislexia. Wikipedia, la Enciclopedia Libre, explica que en psicología y psiquiatría, dislexia es una discrepancia entre el potencial de aprendizaje y el nivel de rendimiento de un sujeto, aunque no existan problemas de tipo sensorial, físico, motor o deficiencia educativa.
 
La dislexia, no es considerada como una enfermedad, pero muestra deficiencias de un individuo, tanto al escribir, como al expresarse. Generalmente no parece hilar sus pensamientos y se expresa con incoherencias o incongruencias. Puede ser un individuo inteligente, estudiado, pero al convertir sus pensamientos o ideas, en palabra oral o escrita, se trastornan, y llegan a ser incomprensibles.
 
Se dice que es una circunstancia personal de un individuo, y que llega al campo médico, para estudiar su pérdida de la habilidad de escribir y leer, generalmente condiciones comúnes en individuos afectados por enfermedades o traumas.
 
Quizás esto explique, o fortalece las sospechas al respecto, la renuencia de los dirigentes del PAN a exponer a su candidato en debates. No quisieran padecer la desagradable experiencia que dió lugar al video de “Las kikadas”. Por esa razón, quisieran legislar en estos momentos, para borrar de la legislación electoral, el concepto “debates”.
 
Los periódicos Healy, habían programado un debate, para este lunes. El priísta, Fernando Castro Trenti, por motivos de agenda, solicitó fuese pospuesto para otra fecha. Ruanova Zárate, del MC, no le dijeron dos veces. De inmediato aceptó y se comprometió a participar.
 
El problema, se llama Kiko Vega. Aunque dice que le desconcierta, que los dirigentes de su partido hayan decidido que solamente participará en dos debates, el del Instituto Electoral y el de Coparmex, la verdad es que los temores de fracaso, por su aparente dislexia, les ha obligado a protejerlo lo más posible. Para nada ha servido que les hayan advertido que su simple carisma, no garantiza triunfos. Quizás a última hora, argumentando cuestiones de salud, no participe en ningún debate. El tema es más serio, de lo que parece.     
                                                                                           gil_lavenants@hotmail.com

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