lunes, 25 de junio de 2012

Hijos de mexicanos repatriados, un drama aparte

Rosarito Informa.-Luego de vivir seis años en California, Gabriel Silva, de 13 años, se encontró un día con su padre y dos hermanos en el edificio del Sistema Educativo Estatal, buscando un lugar en alguna escuela de Tijuana. Llevaba apenas seis días en la ciudad y todo le infundía temor.


"Estoy muy nervioso", expresó el niño, cuya familia decidió radicarse en Tijuana luego de que la madre fue descubierta viviendo en Estados Unidos sin papeles y accedió a ser deportada.
Gabriel ya había vivido en Tijuana y habla español, pero dijo que de todos modos la ciudad se le hacía distinta y ajena.

La incertidumbre era mayor todavía con sus hermanitos Kelly Karime, de 10 años, y José Ángel, de 6, ambos nacidos en Estados Unidos y que sólo hablaban inglés. Habían cursado estudios en Los Ángeles y en San Diego, donde estaba parte de su familia, amigos y escuelas.

Igual que los hermanos Silva, miles de hijos de migrantes repatriados estudian actualmente en escuelas de nivel básico (preescolar, primaria y secundaria) en México.

Todos expresan "un sentido de pérdida enorme" y tienen necesidades especiales que el sistema educativo recién ahora intenta satisfacer, según Yara Amparo López, coordinadora estatal del Programa Binacional de Educación Migrante (Probem) en Baja California, el primer estado del país en trabajar directamente con hijos de repatriados en las instituciones de enseñanza.

No hay un organismo a nivel nacional que lleve la cuenta del número total de estudiantes transnacionales, como se denomina a los hijos de repatriados. Según el Instituto Nacional de Migración, en 2010 fueron repatriados 19,296 menores de edad y el año pasado 15,524. El Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), por su parte, estimó que en 2009, última cifra disponible en el organismo, unos 30.000 niños fueron deportados desde Estados Unidos a México.

Tan solo en Baja California hay 6.300 hijos de repatriados estudiando en escuelas de nivel básico, indicó López. El 90% de esos niños nacieron en Estados Unidos y a menudo no hablan español.

El Probem pretende darle continuidad a los estudios de hijos de migrantes que estaban en alguna escuela de Estados Unidos e inscribirlos en el nivel básico en cualquier momento del ciclo escolar.

En la mayoría de las escuelas este tipo de estudiantes pasaban inadvertidos, pese a que tenían dificultades para comunicarse en español, explicó López. Ningún profesor se preocupaba en presentarlos ante el grupo o pedía que los auxiliaran en lo que pudieran para que se adaptaran pronto a su nueva vida.

Este programa es parte del Proyecto Nacional de Educación Básica sin Fronteras, que comenzó en 2009 haciendo un diagnóstico de las necesidades educativas que tienen los alumnos que emigran de Estados Unidos a México.

El diagnóstico buscaba ubicar a los alumnos en las escuelas, evaluar sus necesidades educativas, si pensaban regresar a Estados Unidos y, sobre todo, si se sentían integrados a las comunidades escolares donde estudiaban.

El proyecto se enfocó en un plan piloto realizado en dos escuelas de Tijuana, en las que trabajaron con un total de 52 niños migrantes en diversas actividades integradoras, que iban desde identificar diferencias de los sistemas educativos de México y Estados Unidos hasta hacerles ver que aquí también podían lograr los objetivos que se habían propuesto, como ser médicos o atletas, dijo López.

"(Los niños) Hablaron mucho de la separación de la familia, de cómo ellos son estadounidenses pero sus padres no y no pueden estar allá; de la falta de bibliotecas aquí e incluso de por qué aquí la mayoría de las escuelas son cafés (marrones) y en Estados Unidos son verdes y tienen muchas áreas verdes", manifestó López.

Durante este ciclo el programa se lleva a cabo en diez escuelas de Baja California.

"Lo que buscamos es que estos estudiantes se adapten más pronto a su nueva realidad, pero también sensibilizar a los docentes de esta problemática, que los profesores identifiquen dentro de las aulas a este tipo de estudiantes y los ayuden a integrarse en su entorno social", dijo López.

La vicecoordinadora nacional del Probem, Mireya Eugenia Velazco, no obstante, aceptó que el programa binacional está en una "fase de diseño" para establecer una mejor planeación estratégica.

Bernardo Gilmar, quien enseña matemáticas en la Secundaria General No.10, ubicada al este de Tijuana y que es una de "las escuelas integradoras", dijo que durante este ciclo escolar tienen detectados 33 alumnos transnacionales.

"Ha sido algo nuevo para nosotros porque apenas el ciclo anterior tuvimos seis alumnos y ahora tenemos más de 30. Estamos llevando a cabo actividades con ellos para adaptarlos tanto a la escuela como a su nueva realidad", dijo Gilmar, quien planea estudiar un doctorado basado en esta experiencia.

La mayoría de estos estudiantes, pese a haber nacido en Estados Unidos, están aquí principalmente porque sus padres fueron repatriados y decidieron quedarse en la frontera para buscar nuevas oportunidades de vida, explicó Gilmar. Hay también quienes llegaron por razones económicas, pues sus padres no encontraba trabajo en Estados Unidos y voluntariamente se regresaron.

Wendy Ortiz, de 14 años, recién ingresó a la Secundaria General No.10. Dijo que nació en Colorado (Estados Unidos) pero sus padres tuvieron que mudarse a Tijuana porque no conseguían empleo y ya no les era posible seguir pagando la renta donde vivían.

Los primeros días se había sentido desorientada en la escuela, no entendía bien las clases, sobre todo historia y español, pues no hablaba bien el idioma, explicó Ortiz.

Sin embargo dijo que conoció a Jenifer Ariel Rivera, nacida en Ontario (California) hace 13 años, y a Bertha Celia Lagunes, nacida hace 15 años en Fontana (California), quienes en 2010 se habían mudado a Tijuana y tenían una experiencia similar a la de ella. Ellas le estaban ayudando en su nueva vida.

"Al principio se me hizo muy difícil, porque allá tenía a todos mis amigos, los extrañaba mucho; pero poco a poco me fui acostumbrando. El ambiente de aquí en la escuela era diferente, los demás se burlaban de mí porque hablaba muy raro, pensaban que me creía mucho; los maestros no se detenían a explicarme. Pero le fui echando ganas, adaptando", dijo Lagunes.

Para Jorge Durand, investigador en sociología por la Universidad de Guadalajara, hace falta un programa federal que sirva para reflexionar no sólo acerca de la repatriación de los adultos sino también de los niños que están regresando a las comunidades de origen de sus padres.

"Así como los repatriados no se integran al trabajo o al medio donde están, sus hijos que llegaron con ellos tampoco. Y eso está creando una situación de tensiones muy fuertes entre los migrantes y sus familias. Eso es parte de un problema serio que no hemos sabido atender", dijo Durand.

"Tradicionalmente llegaba el migrante a sus comunidades y él debía arreglárselas como podía, al gobierno no le preocupaba", agregó. "Ahora tenemos que empezar a pensar sobre cómo integrar a la sociedad a los que están llegando y los que retornarán en el futuro, sobre todo integrar a los niños".

Un problema es que a veces los profesores y maestros se sienten demasiado abrumados con sus clases como para prestarle atención especial a los hijos de repatriados.

Durante una reunión a principios de este ciclo escolar que tuvo Vasthi Maribel King, asistente de la coordinadora estatal del Programa Binacional de Educación Migrante, con docentes de la escuela José G. González, situada al este de Tijuana, donde la AP asistió como observador, los profesores se quejaron de la carga de trabajo y el programa de estudios que les imponía el gobierno, y dijeron que no estaban en condiciones de sumar un nuevo proyecto.

En la junta, los maestros proponían que sólo se hiciera un mural sobre "la multiculturalidad" para atender este problema, pues no tenían tiempo para dedicar horas extras a los alumnos transnacionales con grupos numerosos de hasta 45 estudiantes.

"Hace falta mucha sensibilización aún", dijo López.

Además, se firmó hace poco un convenio con la Universidad Estatal de San Diego que contempla talleres a profesores de educación básica para que éstos identifiquen las principales necesidades pedagógicas de los estudiantes transnacionales. Hasta ahora han llevado el curso diez profesores, dijo López.

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