miércoles, 16 de octubre de 2013

Desolado Valle de las Palmas

A simple vista, el fraccionamiento se parece a cualquier otro en Tijuana. Casas agrupadas en pequeñas privadas, calles de reciente creación pero con baches, un par de escuelas y dos sucursales de tiendas de conveniencia. Pero al poco tiempo, se advierte la ausencia de tráfico, de transeúntes, la lejanía del resto de la ciudad y el abrumador cobijo de las montañas.


Pero en realidad Valle de las Palmas parece un pueblo fantasma. Durante el día, sus residentes viajan kilómetros hasta sus trabajos y el bullicio se forma solamente alrededor del kínder, la primaria y la secundaria. De no ser por los autobuses de ruta, tráileres y camiones de basura que descargan cerros de basura en el relleno sanitario contiguo, el terreno se mantendría casi intransitado.

“Es la parte final del mundo”, bromean un grupo de mujeres con abultadas ropas, mientras esperan afuera del jardín de niños. Desde la creación del fraccionamiento, hace tres años, cientos de familias han aprendido a adaptarse a la lejanía, “eso ya sabíamos desde que nos mudamos”, pero no a la falta de servicios.
El agua potable es cargada en pipas que entre semana abastecen a los contenedores de cada privada. La recolección de basura se pospone hasta 20 días. Aunque el servicio de electricidad y alumbrado público ha mejorado, todavía se presentan apagones esporádicos, que por la ubicación del fraccionamiento, dejan en la penumbra a la población.

Para colmo, el deficiente servicio de transporte público no ha sido corregido. Son más de siete kilómetros a recorrer desde la carretera libre Tijuana-Tecate hasta Valle de las Palmas.

Emergencia en transporte
El 25 de septiembre, el Ayuntamiento de Tijuana emitió una declaratoria de emergencia en el transporte público para Valle de las Palmas. La medida permitiría la incursión de más compañías transportistas, ya que la compañía ATT fue considerado “insuficiente” para dar abasto al servicio.

Dos semanas después, los habitantes piensan que la declaratoria fue retirada. No han visto el cambio anunciado en conferencia de prensa, cuando Obed Silva, secretario de Gobierno, reconoció la cobertura de servicio al 40 por ciento apenas.

Por ello, esperan al director de Transporte Público, Manuel Casillas –con media hora de demora–, quien se comprometió a reunirse con los vecinos para escuchar sus denuncias.

El viento frío se siente más en las afueras de Tijuana. Las chamarras y bufandas son sujetadas con fuerza por las madres de familia y ancianos, quienes abundan en el grupo de 80 personas. Ante las condiciones climáticas, Juan Carlos Silva, organizador de la reunión, solicita un salón de clases de la primaria.

Minutos después arriba el funcionario municipal, acompañado de tres trabajadores. Juntos, ingresan al salón de clases, donde la gente se amontona para reclamar las condiciones del servicio que todos los días son “obligados a tomar”.

El primer reclamo es hacia la compañía 24 de Febrero, que brinda el servicio a los residentes desde la declaratoria de emergencia. El exceso de velocidad, la descortesía de los choferes y la falta de respeto de los horarios de salida, son solamente una de las inconformidades.

A esta empresa transportista, pertenece la unidad que atropelló a un menor de edad en Villas del Campo, quien falleció a causa de las heridas. Uno de los vecinos expresa su preocupación, “puede pasar lo mismo aquí, manejan con la misma imprudencia”.

Una mujer de la tercera edad se dirige al director de Transporte Público para explicarle cuántas veces le han condicionado el servicio a cambio del pago completo de la tarifa y no de la correspondiente a su edad.

“Nos bajan del camión o no nos permiten subirnos, como si tuviéramos la opción de venir en cualquier otro transporte”, finaliza, entre apoyos de los presentes.

Cuando Manuel Casillas, responsable del transporte público en Tijuana, toma la palabra, recurre al humor para disculpar su tardanza. Tras compartir su diagnóstico médico, ríe, “casi no llego, están muy lejos”.

Mientras algunos ríen, pero una señora prefiere contestarle “pues eso es lo que hacemos todos los días para llegar aquí”.

Entre estudiantes universitarios, residentes de Valle San Pedro y Valle de las Palmas, más de 9 mil personas requieren del servicio, pero solamente operan 900 de los 2 mil asientos necesarios al día.

Las dos principales exigencias de los ciudadanos son el regreso de Altisa –empresa que tras la declaratoria de emergencia, comenzó a brindar el servicio– y la implementación de una ruta hacia Otay.

“Donde vamos a tener broncas es para mandarlos de aquí a Otay porque no tiene concesión Altisa, no hay otra manera si no es por la autorización de Cabildo”, explica Casillas.

El funcionario público entonces deja el problema en manos de los residentes. “Si se organizan, pueden sacarlo. Se tienen que acercar a Cabildo y a la Secretaría de Gobierno para hacer la petición”, sugiere.

Tras un altercado por invasión de rutas –algunos choferes trasladaron a residentes hasta Otay–, Altisa perdió su derecho de ingresar a Valle de las Palmas. Sobre la posibilidad de que se le otorgue la ruta solicitada, Manuel Casillas confirma que la empresa tiene la capacidad, pero es “políticamente complicado porque Azul y Blanco no lo va a permitir”.

Según el director de Transporte Público “definitivamente se tiene que revocar la concesión a ATT”. De los 20 autobuses necesarios para el servicio total, solamente tiene ocho.

Aunque dice la decisión final depende de “sus superiores”, Casillas no ve tan remota la posibilidad de que se otorguen nuevas concesiones antes de finalizar la administración, por lo menos no tan remota como la distancia que tuvo que recorrer para llegar hasta Valle de las Palmas.

Valle de las Palmas fue previsto como un desarrollo residencial con más de 41 mil casas para atender, junto a Valle San Pedro, la demanda de la nueva ciudad satélite. Aunque en 2011 se contabilizaron hasta 4 mil habitantes entre los dos fraccionamientos, cientos de familias han abandonado sus hogares por las dificultades de vivir tan alejados de sus fuentes de empleo.

“Lo notamos en las casas abandonadas, en la rotación en las escuelas, muchos hemos perdido nuestros trabajos porque los camiones no respetaban las horas de salida”, explica Jorge Quezada.

Hasta hace poco, fue instalado un consultorio médico en la zona. Aunque aún no está en funcionamiento, los residentes reconocen el avance que tardaron tres años en obtener. El fraccionamiento es vigilado por dos patrullas de la policía comercial.

En cuanto a la recolección de basura, los vecinos reclamaron la espera de hasta 20 días. Si bien, el servicio es pagado por la constructora GEO a un particular, una representante de Ventas, informó que se cobrarán 150 pesos adicionales por este servicio.

El engaño
Marcial Morales adquirió su vivienda por 235 mil pesos, hace un año. Hoy, ese precio le parece una burla. Cuando ve descontado de su salario mensual, las cuotas de Infonavit, recuerda las promesas en el área de ventas de Casas GEO: Fácil acceso, luz y agua potable.

En cambio, su día inicia a las 3:00 horas, cuando con sus cubetas almacena agua. “A veces cuando nos bañamos, vemos los pedazos de sarro o el agua de otro color”, comenta.

El fraccionamiento no se encuentra conectado a las tuberías de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT). Por lo que la inmobiliaria paga el servicio de pipas para abastecer a los tanques en cada privada.

Mientras en verano el agua es insuficiente; en invierno, las cisternas móviles no ingresan a Valle de las Palmas debido a las condiciones del camino tras las lluvias.

Como Martha Capetillo, muchos han perdido sus empleos o bien, renunciado a ellos, por los tiempos de traslado. Para llegar hasta MacroPlaza, en el bulevar Insurgentes, es una hora y media de viaje; al Centro, una hora y media.

Otros, invierten la mitad de sus ganancias semanales tan solo en transportarse hasta sus trabajos. La mayoría de los residentes, son empleados de maquiladoras en la zona industrial de Otay.

Hasta la compra de alimentos resulta un viacrucis para las familias. Los altos precios en las dos tiendas OXXO o en los mercados de abarrotes dentro del fraccionamiento, dificultan el abastecimiento de la canasta diaria. Un viaje más a El Refugio con este propósito.

Con su bebé en brazos, una mujer viaja en el camión hacia la carretera, para ahí transbordar a otro con destino a Ojo de Agua, donde su hija acude a la escuela. Sobre la calle principal, una sonriente familia de cuatro la despide, mientras abajo se anuncia el próximo desarrollo GEO “Pueblos Mágicos”, sobre las faldas del cerro que da sombra a Valle de las Palmas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

LAS VERDADERAS VALLE DE LAS PALMAS SON LAS QUE SE ENCUENTRAN A 45 MINUTOS DEL REFUGIO LA CARRETERA LIBRE A TECATE ANTES DEL PUENTE DEL FCC. SAN PEDRO ENTRANDO POR LOS ESTABLOS DE LAS VACAS OK. Y NO SE CONFUNDAN OK.OJO MUCHO OJO